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Mintzberg y la transformación digital

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Para un servidor, la revolución digital es un salto evolutivo que deben llevar a cabo las organizaciones, ya que lo digital impacta transversalmente en todas las áreas de negocio, por lo que toda la organización debe disponer de la experiencia y conocimiento en las competencias digitales que correspondan a su responsabilidad, su rol funcional, y su contribución al resultado del negocio digital de la empresa.

Probablemente él no lo sabía, pero Henry Mintzberg ya adelantó hace mucho tiempo cuál era el modelo organizacional hacia el que deben tender las empresas que quieren ser efectivamente digitales: la adhocracia, o quizá deberíamos llamarle ahora la adhocracia digital. Es decir, una organización orientada a un fin, no al cumplimiento de unas normas o procedimientos, u obsesionada con el control jerárquico. Una organización en la que todos sus miembros saben cuál es el objetivo y mejoran sus competencias para que su desempeño se refleje en el resultado del negocio.

Es obvio ahora que la incorporación de las nuevas tecnologías digitales ha sido el facilitador necesario para que las organizaciones, independientemente del sector en el que operan, puedan evolucionar hacia este tipo de modelo, pero no lo era tanto hace ¡40 años!, cuando Mintzberg formuló su teoría. También se hace cada vez más evidente que la incorporación de nuevo talento a las compañías que quieren ser realmente digitales, ha de estar incentivada por la presencia real de entornos abiertos y colaborativos en los que la información sea accesible y fluya con libertad, y en la que se potencien las capacidades y decisiones de cada individuo independientemente de su jerarquía.

Decía Mintzberg que “una organización eficiente es aquélla que logra coherencia entre sus componentes, y que no cambia un elemento sin evaluar las consecuencias en los otros”. Éste es el sentido de las organizaciones abiertas, en las que no se permite la creación de silos estancos de conocimiento. Para progresar hay que compartir y colaborar, y la digitalización de la cultura empresarial es la vía más adecuada para ello, porque no sólo permite incorporar al talento que ya es naturalmente digital y se siente cómodo en ese entorno, sino ayudar a la readaptación del talento no digital a un entorno que le permita seguir evolucionando.

La adhocracia digital es, hoy, el modelo más eficiente para que las empresas desarrollen todo su potencial, adaptándose al entorno, y es un objetivo que toda empresa que quiera realmente transformarse tiene que asumir como parte del proceso. Los modelos divisionales y jerárquicos tuvieron su momento, pero ya no es éste. Y es una transformación que debe realizarse contando con las personas que forman parte de la organización, ya que aunque la innovación tecnológica es clave, sin las personas y sin aceptar e impulsar el cambio cultural que han de afrontar las organizaciones, nos desviaremos del camino.

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